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sábado, 16 de junio de 2012

El porqué devolví mi tarjeta de crédito Olímpica


Por John Acosta

Hace un año, tomé la decisión de entregar todas las tarjetas bancarias que poseía y me quedé solo con la Tarjeta de Crédito Olímpica (TCO). La razón era que yo no le compraría a ningún supermercado diferente a Sao u Olímpica, pues es el único con capital 100% colombiano y yo le quiero comprar a mi país.  Se me hinchó el orgullo nacionalista: saqué pecho y lo hice.  Adicional a eso, como si lo anterior fuera poco, Sao y Olímpica son orgullos costeños.  Recuerdo que en mi época de estudiante en la lejana y fría Bogotá, la capital de Colombia, yo iba a una Olímpica y conseguía los productos de mi tierra. Esas eran razones más que suficientes para quedarme solo con la TCO.

Mi TCO ha tenido siempre un cupo bastante modesto porque así lo quise siempre.  Soy cliente desde marzo de 2007 y en estos más de cinco años jamás solicité que se me ampliara el cupo de mi TCO. Hasta que me llegó un correo en el que se anunciaba una atractiva promoción, en la que se hacía un significativo descuento a los televisores en 3D Sony de 40 pulgadas, si se pagaba con la TCO.

Como vi que mi modesto cupo no me alcanzaba, después de más de cinco años, hice la solicitud para que se me ampliara el cupo y así poder sacar dicho televisor. Eso fue el pasado jueves 14 de junio de 2012. Esperé pacientemente la respuesta. Hasta que, finalmente, hoy sábado se me informó que yo no era digno de obtener esa ampliación de cupo dizque porque en marzo había tenido un atraso en el pago de la cuota. ¡Habrase visto semejante despropósito! Pesó más UNA demora (que, seguramente, se debió a un olvido involuntario de mi parte) que mi fidelidad de más de cinco años. Mi decepción y mi desconcierto fue tal que tomé la decisión de pagar lo que debía y devolver la TCO, pues ella no era digna de mi fidelidad.

Yo quería devolverla enseguida porque no deseaba tenerla más mi cartera, pero, por desgracia, la joven que me atendió me dijo que el pago que acababa de hacer (de las cuotas que me faltaban, que, dicho sea de paso, se comieron toda mi quincena, pero mi dignidad quedó incólume, que es lo importante) no se hacía efectivo sino hasta mañana domingo 17 de junio. Y que yo debía llamar mañana a un número telefónico para que me dieran un código de cancelación y que ahí tendría la oportunidad de desahogarme. Lo siento, pero no me da la gana de esperar hasta mañana. Por eso, escribo ahora. Porque si no lo hago, no podría dormir esta noche, atragantado por esta ira que me atormenta.

Lo peor de todo este asunto es que ahora me toca regresar a Davivienda, con el rabo entre las piernas, a solicitar que me entreguen de nuevo la tarjeta de crédito que les había devuelto. Lo haré con gusto para paliar en algo la humillación a la que me acaba de someter la Tarjeta de Crédito Olímpica.
Lea aquí la solución a este impasse: http://comarcaliteraria.blogspot.com/2012/07/me-he-equivocado-muchisimas-veces-pues.html