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Los culpables del desastre de La Guajira, libres y esperan felices la plata que el Estado gira para mitigar el caos que ellos causaron

Foto tomada del portal www.las2orillas.co
Por John Acosta

Ojalá tantas rasgadas de vestiduras actuales por la deplorable situación que padecen los habitantes de La Guajira sirvan para que los organismos de control del Estado y la misma justicia castiguen, por fin, a los directos responsables de la escasez de agua y de la desnutrición infantil que tiene a esta zona del país sumida en el caos. Todo el mundo sabe que este drama se debe, exclusivamente, a los políticos corruptos del departamento que han desaparecido, como por arte de magia, cinco billones de pesos recibidos por La Guajira de las regalías del carbón, gas y sal. Lo más dramático del caso, es que esos políticos, en vez de estar con remordimiento de conciencia por lo que han causado sus fechorías, están boyando de felicidad porque tienen la oportunidad de aumentar sus riquezas personales con el dinero de emergencia que la nación ha destinado para enfrentar la crisis humanitaria que ellos mismos provocaron.


Foto tomada del portal elkikakikonga.blogspot.com
No entiende uno por qué ni la Procuraduría, ni la Contraloría, ni la Fiscalía (ni ninguna de las “ías” de este querido país) hayan sido capaces de condenar a estos políticos, encerrarlos tras las rejas y obligarlos a que devuelvan el dinero robado, que no tienen ningún pudor en mostrarlo a través de sus opulencias de pobres recién llegados al submundo de los millonarios corrompidos. El proceso ni siquiera es difícil para estas instituciones colombianas de vigilancia: basta tomar la lista de gobernadores y alcaldes de elección popular (para abarcar un amplio período), confrontar sus bienes antes y después de ocupar el cargo para determinar si el fantástico y desmesurado aumento de las riquezas en algunos de ellos se compensa con el sueldo mensual que recibió en su período de gobierno. Es que el negocio de la corrupción en Colombia es tan bueno que los políticos inmersos en este lodazal se hacen reelegir con el dinero robado para volver a substraer más en una interminable y evidente puerta giratoria. La Guajira, lamentablemente, no escapa a este desolador panorama; solo que en esta querida península, el drama causado es un crimen de lesa humanidad: “Según datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), reportados por la Fundación Juan Felipe Escobar, entre 2008 y 2013 murieron 4.151 niños, de los cuales un alto porcentaje estaba en estado de desnutrición y sufría enfermedades prevalecientes de la infancia”, informa el diario El Tiempo.

Foto tomada del portal deracamandaca.com
Frente al dato anterior, la periodista Salud Hernández-Mora escribe en su columna dominical titulada Los pozos de Santos: “En otros parajes habría bastado para tumbar un gobierno o, al menos, un ministro. Aquí sirve para que los políticos saquen pecho con limosnas de última hora”. Siempre me he preguntado cómo hacen esos políticos corruptos para mirar a sus propios hijos a los ojos sin sentir el más mínimo asomo de vergüenza: la historia se encarga de mostrar que esos mismos hijos son los que remplazan a sus padres en los mismos cargos de elección popular con las mismas mañas que sus progenitores.

“Pensar que a estas alturas del paseo, después de los cinco billones que La Guajira ha recibido de las regalías del carbón, gas y sal, tienen que mendigar unos carrotanques. Díganme si no es para meterlos a todos presos, gobiernos local, regional y nacional, por pecado de omisión en la muerte de los infantes”, escribe, con toda razón, la periodista Salud Hernández-Mora en su mencionada columna. El problema es que nuestras “ías”, como ya se dijo, no funcionan en este caso. Aquí es cuando uno desea que todos esos funcionarios y exfuncionarios de La Guajira trabajaran con Álvaro Uribe porque parece que es la única forma en que la politizada justicia colombiana se vuelva eficiente para judicializar a un empleado público.  De acuerdo a lo anterior, ya no hay esperanzas de que los juzguen y los condenen, pues todos ellos apoyaron la reelección de Juan Manuel Santos, como han apoyado a todos los presidentes en ejercicio, pues el corrupto no tiene ideología diferente a la de quien le alimente con lentejas o mermeladas su voraz apetito delincuencial. Queda la esperanza de la Corte Penal Internacional, en donde podrán ser llevados por el genocidio que han cometido con los niños de su propia tierra.


Foto tomada del portal www.pulzo.com
Es posible que la excusa que saquen a relucir  ahora sea que la sequía no es culpa de ellos sino de la naturaleza. Sin embargo, cinco billones de pesos son más que suficientes para dotar a la Alta Guajira de plantas desalinizadoras y pozos profundos suficientes para no pasar por el calvario que padecen ahora. “Hay muchos países en la Tierra con climas semejantes que sobreviven en condiciones buenas. Podrían imitarlos. Claro que deberían comenzar por erradicar los ladrones del erario. Y no parece que quieran”, concluye Salud Hernández-Mora en su columna.

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Comentarios

  1. El gran problema de Colombia es la falta de justicia en todos los ordenes. Si hubiera justicia muchos mal llamados "padres de la patria" estarían encarcelados, purgando largas penas por el dolor y sufrimiento que le han causado a millones de colombianos.
    Lo que sucede en la guajira es una situación flagrante de injusticia, que clama al cielo por soluciones y castigo para los culpables.

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  2. Hasta ahora se está reglamentando la política de regalías.
    De manera tal que si se quiere ufructuar del erario. Debe hacerse a través de proyectos lo suficientemente sustentados y demostrar que se pueden ejecutar a cabalidad y mucha calidad

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  3. Para muchos votantes y líderes guajiros, esto era invisible. Santos sería la persona que volvería las regalías, acabaría el conflicto y no obstaculizaría las zonas fronterizas con Venezuela. Lastimosamente les salió el tiro por la culata, Santo creó el apocalípsis en nuestra amada Guajira,eso fue lo que hizo, no nos echemos mentiras, comenzando con el elefante blanco del cual una ves mencionó... sin ir más allá.

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