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Bertha Mejía y “Lucía Arjona” sí son primas, pero en la vida real no fueron tan amigas como las muestra la novela Diomedes Díaz, el Cacique de La Junta

Las dos Bertha, la de la novela y la real
Por John Acosta

Hay que decirlo de una: sí es cierto que Bertha Mejía y “Lucía Arjona” (como la llaman en la novela Diomedes Díaz, el Cacique de La Junta) son primas también en la vida real, sí es cierto que ambas fueron mujeres de Diomedes Díaz y tuvieron hijos con él, pero lo que no es cierto es que ellas hayan sido tan amigas en su niñez y juventud, como lo muestra la citada novela. Reconozco una vez más que un dramatizado no tiene por qué ceñirse estrictamente a la realidad, pero me veo en la necesidad de aclarar públicamente unos puntos, como ya lo hice un texto anterior sobre El Mono Arjona en la novela (El Negro Acosta en la vida real) para ver si disminuye la romería de llamadas que recibo a diario para preguntarme sobre estos asuntos faranduleros. Hay otros datos en la obra televisiva, alrededor de estas dos mujeres, que tampoco concuerdan.


El Mono Arjona de la novela y El Negro Acosta de la realidad
Bertha Mejía no era hija única, ni su progenitora fue nunca madre soltera. Mamá Geña, como le decíamos a la madre de Bertha, era una señora rezandera, prima de mi abuelo Luis Miguel, más conocido en La Junta como El Tone. Era lo más buena gente del mundo y nunca tuvo necesidad de plegarse a la voluntad de su hermano El Negro Acosta (El Mono Arjona en la novela) por dos razones sencillas: una, que la bondad y ternura de su hermano jamás intentarían doblegarla; y dos, que ella siempre contó con el apoyo de su marido y de sus hijos, la mayoría varones.

Rosa Elvira, la hija de Diomedes
 y Bertha, con el
autor de este artículo
Lucía Arjona ( la actriz) y
Patricia Acosta, la real
El viejo Carlos Mejía, esposo de Eugenia (Geña) Acosta, era el que me motilaba, cuando yo era niño. Mi abuela, Aura Elisa (la vieja Aba), que era modista, le pagaba la motilada con los remiendos que le hacía a sus pantalones y las cremalleras que le pegaba. “Ay, chicho, por vía de Dios, andá aonde el compadre Carlos a motilate, que ya ni se te ve la cara con ese pelar que teney”, me decía mi vieja. Bertha es la cuarta de cuatro hijas mujeres: Ana, Elisa, Elda. Y está entre los últimos de varios varones: Franco, Carlos Luis (“Caliche”), Erasmo (que es mi padrino de confirmación), Jesús (que heredó el oficio de peluquero de su padre).

Sí es cierto que Bertha salió embarazada sin casarse y, lo que es peor para esa época, viviendo en la casa de sus padres. Aún con todos esos agravantes, no la echaron del hogar de sus padres, supongo que por ser mayor ella que el hombre que “la perjudicó”, como llamaban en La Junta de entonces al acto de una mujer perder la virginidad sin haber un matrimonio de por medio. Tampoco vivió con Diomedes Díaz en la casa de sus suegros, como en la novela. Ella se mudó por poco tiempo a una pieza que arrendó frente a la casa de mis abuelos, donde la vieja Antonia Mendoza, tía de mi abuela.

Hernán Arjona de la novela y Hernán Acosta de la realidad
Bertha tampoco vivió metida nunca en la tienda de su tío, El Negro Acosta (Ñego). Ni salía  
a hacer diligencias en fincas vecinas a nombre de Ñego. Supongo, entonces, que quedó embarazada en una de las noches en que se encontraba con Diomedes Díaz, cuando él se volaba un rato de sus toques musicales en el pueblo para encontrarse con ella en los montículos oscuros de La Junta.

"Beatriz" de la novela y Alicia de la vida real
Como expliqué en el artículo sobre El Mono Arjona, “Lucía Arjona” y su hermano no fueron los dos únicos hijos que, en la vida real, tuvo el matrimonio de El Negro Acosta y Alicia Solano (Beatriz, en la novela). Patricia Acosta, la primera esposa de Diomedes Díaz, es la antepenúltima de 10 hermanos, tres varones: Claudio, Hernán y José Iván; y siete mujeres: Myriam, Cecilia, Betzy, Nubia, Patricia y María José.

Lucy Arjona en la novela y Patria Acosta real
Así son las cosas de la vida: en mi niñez, fui más allegado a “Lucía Arjona” que a Bertha Mejía; más de 40 años después, me relaciono más con Bertha que con “Lucía”. Es más, llevo muchos años sin sostener una conversación con la que fue la primera esposa de Diomedes (“la mujer que fue conmigo al Altar”, como lo refirió el mismo cantante en una de sus canciones); en cambio, hace una semana estuve en la casa de Bertha en Valledupar. Debo aclarar que mi distanciamiento con “Lucía” no se debe a ninguna querella entre ambos (ni más faltaba), sino a la distancia propia que impone el destino, cuando se vive en ciudades diferentes. Es más, el día que visité a Bertha, mi intención era ir también a la casa de la eterna “traga” de Diomedes, pero no me alcanzó el tiempo y hube de regresarme a la ciudad donde resido.

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