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martes, 22 de septiembre de 2015

Mientras las religiones languidecen, la fe se fortalece: Arturo Barros

Por Linda Esperanza Aragón

En medio de la diversidad de ideas, los asistentes del encuentro reflexivo forjaron un sincretismo que apuntó y reiteró los gustos humanos individuales que al ser comentados públicamente se convirtieron en un discurso interpretativo. El tercer piso de la Biblioteca Benjamín Sarta, en la Universidad Autónoma del Caribe fue un epicentro de confluencias y expresiones.

El hilo del evento fue conducido por el docente Arturo Barros Ortegón, y su tesis de contenido estuvo apoyada en Xavier Zubiri, Thomas Luckman, Émile Durkheim y otros críticos inquietos, de manera que fragmentos puntuales dieron pie a tal debate: el desinterés de las religiones como una de las características de la sociedad actual, la falta de fe como producto de la desaparición de la forma social de las religiones que no responden  a las necesidades de la gente, la equivocación de identificar la fe y la experiencia de Dios con ciertas operaciones del gobierno. El problema, entonces, no es la falta de fe, al contrario, hay hambre de Dios porque las religiones no están llamadas a desaparecer, sino a renovarse.

 Las premisas de distintos filósofos y escritores desplegaron capítulos teóricos y diálogos precisos. El respeto y la libertad de expresión fueron dos motores indispensables, puesto que temas como la fe, el miedo, el ateísmo, las creencias y la religiosidad son emblemáticos en nuestra modernidad.

A través de mitos, historias, leyendas, hipótesis y sentencias educadores, estudiantes y trabajadores se dedicaron a participar para discutir y rehacer teniendo la mente abierta a la variedad y atada a nada. Temas que, al parecer, suelen ser determinados como triviales o que suelen ser censurados para que el hombre encofre sus pensamientos y estos sean silenciados. Pues sí, este paradigma se desató y se encausó el acontecimiento a la divulgación de ideales que pueden ser dichos en los entornos colectivos: en los salones de clase de la universidad, en el hogar, en los alrededores de la ciudad, en los instantes de meditación personal.

Entre tanto, argumentos como “la iglesia creó el infierno y al diablo”, “¿qué será de la recompensa sin el castigo?”, “¿qué será de la obediencia sin el miedo?”, “¿qué será de Dios sin el Diablo?”, “¿qué será del bien sin el mal?”, “lo religioso comprobó que la amenaza del infierno es más eficaz que la promesa del cielo”, “hay que orarle a Dios no porque él lo necesite, sino porque el creyente se restaura y renueva”, “Adán y Eva fueron una fábula”, “el infierno es un recurso literario solamente”; en fin, fueron un sinnúmero de oraciones por parte de los participantes, no obstante, las anteriores fueron las más destacadas, ya que pueden ser especificadas como frutos de la toma decisiones de quienes prefirieron compartir y replicar.